Boletin # 55
Muchas veces sabemos que hay asuntos que necesitamos
atender. Cambios que nos es preciso meter, pero que tenemos mucho miedo de enfrentar. Tememos
las implicaciones que pueden traernos, lo desconocido de la situación, dar el paso adelante y pasar
a la siguiente etapa en nuestra vida o simplemente crecer y madurar.
Tal vez
nos hemos acostumbrado demasiado a la protección y seguridad que vivimos en nuestra etapa infantil y
no queremos dejarla. Nos aferramos desesperadamente a una etapa en la vida en la que quisiéramos
quedarnos eternamente para no tener que cumplir con las tareas de desarrollo que el crecimiento nos
pide, para no tener que satisfacer las expectativas que de nosotros se tiene.
Posponer el
momento de hacer algo que tememos puede, en apariencia, ayudarnos temporalmente a tranquilizar
nuestros temores. Sin embargo, a la larga, acabamos pagando un costo muy alto por la efímera
tranquilidad que de momento sentimos. Nos decimos a nosotros mismos cosas como: “todavía hay tiempo,
lo haré más adelante”, “lo dejo mejor para mañana, el próximo mes, el próximo año”,”lo haré tan
pronto consiga solucionar primero ...” Y así, calmamos de momento la angustia de hacer algo que
tememos mucho.
Además, como el posponer resulta inmediatamente reconfortante ya que
sentimos un alivio pasajero, volvemos a hacerlo una y otra vez hasta que el tiempo se hace cargo de
confrontarnos con la realidad: se ha hecho demasiado tarde ya para “reconciliarnos con nuestro
padre, porque ya ha muerto”, “estudiar la carrera que en realidad nos gusta, porque ahora tenemos
demasiados compromisos laborales y familiares para tener uno más”, “decidirnos a buscar una pareja
con quien casarnos y tener hijos, porque nuestro tiempo biológico para tenerlos se ha agotado”,
“dejar el trabajo de empleado e iniciar un negocio propio porque nuestras circunstancias actuales ya
no nos lo permiten”, etc. Así, éstas y muchas otras oportunidades que tienen su momento para
tomarlas, simplemente las dejamos pasar por miedo..
Vivimos la vida como si fuera
eterna e inagotable. Sin embargo, sabemos que esto no es así. La vida es como una bolita de algodón
de la que vamos desprendiendo a cada momento porciones sin saber a ciencia cierta cuanto nos quedara
después de las que estamos ahora arrancando. Podemos haber arrancado muchos trozos en el pasado sin
aparentemente hacer alguna diferencia en lo que nos quedaba de reserva. Sin embargo, en algún
momento, muy probablemente sin plena conciencia, tomaremos en nuestras manos los últimos residuos de
la que alguna vez fue la bolita de nuestra vida. La desgajaremos como todas las otras anteriores,
pero esta vez no quedara nada mas en nuestra reserva.
No sabemos a ciencia cierta
cuándo nos llegará a cada uno ese momento. Todos sabemos, sin embargo, que a todos nos llegará de
seguro. Lo importante entonces es vivir ahora de una manera que cuando nuestra bolita se agote,
podamos mirar hacia atrás con tranquilidad y satisfacción el camino recorrido.
Vivir
sin deudas ni pendientes con la vida. Hacer hoy lo que realmente queremos hacer. Cambiar ahora, lo
que deseamos cambiar y disfrutar el camino, que largo o corto, nos queda por
recorrer.